lunes, 2 de julio de 2012

TRIBUTO A LOS DIEZ AÑOS DEL CENTRO DE BIOETICA DE LA UNIVERSIDAD CATOLICA DE CORDOBA

DIEZ AÑOS DEL CENTRO DE BIOETICA (2001-2011)

I.- Para los tiempos geológicos, diez años tienen una métrica equivalente a nada; en cambio, para las instituciones y las personas, una década -más cuando es la inicial- tiene una entonación festiva. El Centro de Bioética (CB en adelante) ya ha cumplido ese tiempo y debemos estar muy honrados de haberlo posibilitado.

En una disciplina que todavía no tiene cuarenta años de reconocimiento de su estatuto epistemológico, tener un CB habla de una relevancia incuestionable que se ha dado ha dicha materia desde la UCC. En tal orden, se impone reconocer unas palabras de recuerdo a quienes en realidad sin saberlo, fueron la causa eficiente del resultado que hoy celebramos.

II.- La Facultad de Medicina de la UCC, desde sus inicios y por lo tanto antes que la Bioética existiera, dictaba sus cursos de ética médica; y fue en el seno de dicho ámbito y al comando de César Azúa sj, que un grupo de profesores de dicha Facultad: médicos y no médicos, a inicios de la década del 90; comenzábamos a discutir los temas que por ese tiempo más nos importaban por sus contornos antropológicos, éticos y desde ya médicos.

Conocíamos lo mínimo indispensable de la bioética, pero nos era suficiente dicho conocimiento precario para estar atentos a las informaciones que en revistas y libros se iban generando. Nuestros debates quizás pecaban por algún déficit epistemológico, pero desbordaban entusiasmo.

Fallecido Azúa, como no podía ser de otro modo, el grupo continuó con la asistencia de otro jesuita, como es el Carlos Cravenna sj y por tales años: fines de los 90, había ganado entre nosotros una cierta ciudadanía el auto referido CB y que por entonces, su radicación estaba en la Clínica Reina Fabiola de la UCC. Compartíamos aquellos tiempos de debate y reflexión, Carlos Gatti, Gabriel Mello sj, Atilio Cardone, Adolfo Facello, José Alessio, Eduardo Pensa y algunas otras personas que en realidad no recordamos con precisión ahora.

A medida que nuestro entusiasmo temático crecía, porque la medicina como tal iba ganando espacios en la vida corriente de las personas y el paradigma de la medicalización de la vida era un dato de la realidad; nuestras exigencias académicas comenzaban a ser más orgánicas y también por ello, mas definidas y entre tales cuestiones se ubicaba en forma impostergable conocer si dicho CB era uno hospitalario o si por el contrario, nuestra proyección era de tipo académico. De ser esto último, no podíamos tampoco desconocer que el germen de lo existente a la fecha, había estado en la Facultad de Medicina.

III.- A comienzos del nuevo siglo y en ocasión de un importante Congreso de Bioética, organizado por lo que éramos -Comité de Bioética de la Facultad de Medicina-, que sesionaba en la Clínica Reina Fabiola; Gabriel Mello, quien había tomado su conducción con gran vocación profesional y una mayor dedicación temporal; llevó adelante el proceso realmente definitorio como era: la secesión sin parecer por ello ingratos con la Facultad de Medicina y alumbrar separado el mismo, lo que sería el CB. Compartimos en aquellos tiempos, que el futuro ‘ente’ bioético que pensábamos, tenía que orientarse no como una instancia de la Facultad de Medicina sino que debía servir no solo a toda la Universidad, sino que tenía que coadyuvar a la formación de una masa crítica y foco de pensamiento para la totalidad de la comunidad universitaria y por lo cual, debía instalarse en la dependencia de mayor jerarquía académica de la Universidad.

Trabajamos directamente junto a Gabriel en los borradores de lo que termino siendo, el Estatuto del CB y que muy seguramente, hoy merezcan una revisión para hacer las adecuaciones profesionales y de competencias que correspondan. Nos preocupamos en tal momento, fundamentalmente por dos cosas: i) que el CB no debía ser un ámbito clínico, para respetar con ello la autonomía de la Facultad de Medicina y ii) que la dependencia, orientación y finalmente instrucción que pudiera existir al CB, debía ser directamente la dispuesta por el mismo Rector de la Universidad.

Con las idas y vueltas que dichos instrumentos tienen, fue finalmente aprobado por el Rector Miguel Petty sj el CB de la UCC y ocupó la dirección, su mentor: Gabriel Mello, en una dependencia del mismo edificio del rectorado y que hasta hoy es donde sigue funcionando.  El alejamiento de Mello nos puso a cargo de la mencionada dirección durante varios años y que mucho disfrutamos; a nosotros nos sucedió en tal lugar, María del Pilar Hiruela y a ella, Mónica Heinzmann. Adolfo Facello nos acompañó como Secretario en nuestra dirección y en la de Hiruela, siendo hoy José Alessio.

IV.- La década cumplida, ha permitido que el CB logre una estupenda presencia fuera de la Universidad, como también que en los últimos años, haya sido reconocida su labor por la misma comunidad académica. Así fue como, establecimos excelentes reconocimientos a nivel provincial y también internacional: pudimos mostrar a lo largo de todos estos años y fruto ello de la no menor disposición tanto del anterior Rector como del actual, Lic. Rafael Velasco sj; que el CB podía establecer relaciones con otros actores morales y que sin resignar por ello con lo que cree valioso, también saber aprovechar lo mejor de las restantes posiciones.

A poco de transitar los mencionados tópicos bioéticos, ya formalmente como CB, el nombrado ganó un respeto y seriedad que acompaña hasta hoy. Ello ha permitido que fuera posible su reconocimiento como unidad internacional de enseñanza de la bioética por la misma UNESCO y luego también, haber avanzado en la formalización de instrumentos para ser reconocido como ejecutora del programa base de bioética y haber puesto en marcha ulteriormente la Cátedra Libre de Bioética, dependiente ella del mismo Centro.

Se participó mediante sus Miembros en una buena cantidad de congresos y eventos internacionales, como que al paso de sus sesiones mensuales se fueron construyendo materiales de estudio que se recogieron en varios casos, en la decena de publicaciones mayores y menores que desde el Centro y sus miembros se fueron produciendo.

Obvio es indicarlo, en diez años, los Miembros en algunos casos se mantuvieron, en otros mutaron. Lo cierto es que el CB no tuvo discontinuidad alguna y fue un reservorio de inevitable valor para la provisión de profesionales para proyectos académicos mayores que se ponían en marcha en Córdoba y que el CB, no estaba en condiciones de asumir estratégicamente por sí solo, pero que podía contribuir con su mismo capital social. Ello ocurrió con la Maestría en Bioética que la UNC puso en marcha sobre el año 2005 y por lo cual, se firmó un convenio de cooperación con dicho programa.

El CB entonces, nació con el objetivo de ser un ámbito de discusión doctrinal y académica de dicha disciplina y lo logró; puesto que atravesó las fronteras del territorio católico y universitario y pudo también: socializar, aprender y enseñar junto a otros ámbitos bioéticos: laicos, hospitalarios y no académicos; penetró con proyecciones dinámicas en el mismo grado universitario con certámenes, debates y cine; construyó una acotada pero muy selecta colección bibliográfica en la nombrada temática. Finalmente cobró el CB una relevancia especial intrauniversitaria, toda vez, que hace el control de calidad bioética de proyectos de investigación en la Universidad.

Es decir, con todo ello se avanzó mucho más de lo que diez años atrás nosotros mismos creíamos posible; pero seguramente que está el CB ahora, en mejores condiciones de proyectar cuál puede ser su posible derrotero, no ya para la segunda década de su existencia, sino para el próximo lustro.

Quiera el futuro de las próximas generaciones profesionales que dirigen al CB, el saber encontrar claramente el punto exacto en la brújula académica y de servicio, para que, sin dejar de ser fiel a la misma Universidad Católica pueda estar el mismo en el mundo, a veces más próximo a la frontera y a veces, más lejos de ella; mas lo que no podrá nunca, es estar fuera de los límites que a veces son poco tangibles pero razonablemente perceptibles y que siempre nos devuelven el lema de nuestro escudo universitario, esto es: que la verdad nos hará libres.   

Dr. Armando Segundo Andruet (h). Director Honorario del Centro de Bioética

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